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Mostrando entradas de enero, 2012

Si no existiera Cuba

Sin esa isla que pese a mucho aún es el intento de idea de Fidel, no sé qué serías. Acaso hambre olvidada o ficción reconocida. Acaso bonitas y creativas palabras, de esas que azuzan el ingenio y alborotan al corazón; cuento de contemporáneos príncipes azules, de los que nunca llegan porque han dejado de creer en el mundo, porque prefieren salir de compras y dejar el amor para las películas cursis de domingo. Acaso serías lo que eras cuando no me tenías. Tal vez tu vida tendría los matices de antaño, todavía no podrías sentir el color-luz que invade tu cuerpo cuando dejas la ventana abierta para que ingrese a tus sueños. Posiblemente tu risa y brillo de ojos no tendrían la calidad de vida que ahora noto. Sin ese lugar bloqueado que aún mantiene un irónico espíritu de lucha no sé lo que yo sería. Acaso un sueño de mar melancolía tuyo, isla no explorada. Acaso también se modificaría el brillo de mis ojos y emigrarían de mi cuerpo las mariposas que arribaron desde que mi nombre se tornó t...

Soy olvido

Me constituyo de olvidos como de arcilla moldeando mi pelo. Olvidos negros en la trama descontinua de mi vida que hacen que todo me sea novedad. Olvidos que preservan mi capacidad de asombro y tontería, que evidencian mi carencia de salud y falta de consumo de almendras. Olvidos lilas con aroma a vainilla o a té de hierbabuena, amigos de las metidas de pata y risas avergonzadas. Olvidos que evitan el retorno al corazón, que omiten sentimientos palpitantes, fríos o calientes. Soy una construcción de olvidos, fosas rodeando una fortaleza. Olvidos rosas importantes, o ni tanto, no lo sé, bueno, importantes para otros y a veces para mi, pero no hay seguridad en tal afirmación. Olvidos que hacen ver a cualquier tentativa de recuerdo ficticia, risible y absurda. Olvidos como natural suicidio social. A veces tengo olvidos calculados, de esos voluntarios que me permiten caminar sin sentir el desgaste de mis zapatos, la curvatura de mi espalda, las lágrimas de otros o mi cabello negro azab...

Todos somos puercos

* Todos somos puercos, en el pésimo sentido en que pensamos a estos inteligentes y limpios animalitos (¡quiero un puerquito!). Si, somos puercos y hacemos –oing, oing- porque somos una caricaturización del marrano. Ya que nos sentimos como puercos, con toda esa grasa y peso, con toda esa comida dentro, supongamos que queremos invertir con otros puercos. Una vez que tengamos en cuenta nuestro producto, las características precisas para producirlo (herramientas, capital humano, clima, estructura, materias primas…) y nuestras ganancias deseables, podemos voltear al mundo para elegir el país que más convenga a nuestras cochinadas. El primer mundo no es opción, lamentablemente nos tendremos que embarrar en América Latina o África o cualquiera de los otros continentes pobres y desesperados porque les dejemos nuestras migajas. Ok, mentí, seguro que Grecia o Portugal aceptarían con gusto aunque se consideren primermundistas. De cualquiera de estos países sopesaremos los salarios mínimos le...